Como terapeuta, me parece que la formulación de preguntas es mi “pan y mantequilla”. Trato de hacer una amplia gama de preguntas, porque en la variedad se mantiene una conversación interesante, alegre y con sentido.
Yo hago algunas preguntas para averiguar cuál es el problema, y otras para tratar que sucedan nuevas posibilidades. Por ejemplo, cuando le pregunto a un hombre: “¿Cuál es el problema en su matrimonio?” Suelo escuchar lo que él ha estado ensayando en la cabeza durante semanas. Pero cuando le pregunto por el contrario, “¿Qué se siente estar casada contigo?” Tiene que reorientar su punto de vista y reconsiderar el punto de vista de su compañero.
Asimismo, a la hora de comer, saber mantener una conversación y provocar respuestas bien pensadas es importante. Piénsalo de esta manera: “La dieta para iniciar la conversación no va a ser más satisfactoria que una comida compuesta de sólo un aperitivo” Así que, ¿cómo podemos mantener una conversación? ¿Cómo podemos profundizar el debate y evitar el cierre de una conversación por accidente?
Echemos un vistazo a este tema de conversación a modo de ejemplo: Un padre le pregunta: “¿Qué fue lo mejor que te pasó en la escuela hoy?” y el niño responde: “El receso”.
He aquí algunas maneras infalibles para detener la conversación en seco:
- Juzgar negativamente la respuesta: “¿Crees que en la escuela todo es diversión y juegos? ¿No aprendiste nada en la clase de hoy?”
- Persuadir o engatusar a su hijo a considerar una respuesta diferente: “¿Estás seguro que el receso fue lo mejor de la escuela hoy? Me parece recordar que iban a invita a los padres para que les lean un cuento. ¿No es más divertido que el recreo?”
- Hacer de la respuesta un problema: “¿Por qué estabas tan aliviado de salir de la clase e ir al recreo? ¿Algo malo sucedió en la clase de hoy? “
Ahora, aquí hay formas de profundizar la conversación:
- Las preguntas que son pura curiosidad: “Dime más. ¿Qué hiciste? ¿Con quién jugaste? “
- Preguntas divertidas que presenten una nueva perspectiva: “Si yo hubiera sido una abeja en el columpio, ¿qué habría visto?”
- Diferencia de preguntas sobre las experiencias de su hijo: “¿Cuál fue la diferencia entre el recreo de ayer y el de hoy? ¿Qué hizo que fuera más divertido? “
- Las preguntas que incitan a su hijo a hablar de su éxito: “¿Qué hiciste durante el recreo que hizo que te sintieras orgulloso o que tu o quieres recordar para que lo hagas nuevamente”
- Las preguntas que abordan lo que falta: Si su niño habla sobre los sentimientos, usted puede preguntar: “¿Qué estabas pensando” Si su hijo habla del día de hoy, usted podría preguntar: “¿Y qué tal ayer o qué tal mañana?”
- Invitar a los miembros de la familia en la conversación: “El recreo me hace pensar en tomar un descanso”. ¿Qué tipo de descanso toman otras personas durante el día? ¿Cuáles son las formas favoritas para relajarte y recargar energías durante el día?”
Y no se olvide, los niños son los maquinas de hacer preguntas, y sin duda podemos dejar que ellos hagan parte de la formulación de preguntas, también. Para que se haga una idea de cómo los niños disfrutan haciendo preguntas, considere este estudio de la Universidad de Stanford: Un investigador analizó las grabaciones de cuatro niños que hablaban con sus cuidadores durante más de 200 horas, y encontraron que los niños formulaban una a tres preguntas por minuto. ¡A ese ritmo, los niños estaban en camino para hacer un total de 40.000 preguntas entre las edades de dos y cinco años!
A veces, puede ser útil pensar como un niño y preguntarse: “¿Qué es lo que no sé?” Al adoptar el “no saber”, podemos pensar en algunos de las conversaciones con las mejores y más profundas preguntas. – Anne F.
